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De pequeño solía encerrarme en mi cuarto con las persianas bajas. Mi juego preferido era construir ciudades. Utilizaba bloques de madera, muñecos de diversos tamaños y formas, avioncitos de plástico, y toda clase de elementos que pudieran estar al alcance de un niño. Lo que caracterizaba el juego era el hecho de que mi civilización respondía a mis reglas. De alguna forma yo era el soberano.

Años más tarde me encontré con el mundo real. En mi ciudad no había dolor, yo me encargaba de proporcionar todo tipo de placeres a mis ciudadanos. En el mundo real, los placeres solo estaban admitidos a aquellos que poseían los medios materiales para comprarlos.

Nada cambió y sin embargo todo cambio. Mi ciudad sigue siendo la misma. Solo que en el medio uno debe salir al mundo real y hacer de cuenta que lo acepta y comprende. Debe convivir con los universos simbólicos del resto, adaptarse, sobrevivir, ingeniarse para no caer preso de las reglas que sistematizan las ciudades de los otros. Nos volvemos buenos simuladores, pero eso no hace que dejemos de padecer el artificio. Luego nacen los hijos. Ellos son los primeros en darse cuenta de la idiotez en la que hemos caído, sin embargo les prohibimos que nos cuestionen. Seguimos defendiendo la inutilidad de nuestra decisión, solo porque no nos enseñaron a perdonarnos a nosotros mismos, por tanto no estamos facultados a reconocer que hemos cometido un error.

El mundo de los adultos no tiene sentido. Pero nadie tiene el valor de admitirlo. Fuimos criados para obedecer a la autoridad. No hay lugar para la subjetividad. Para eso también se necesita poseer dinero. El acceso al placer está mediado por las pantallas. El encuentro con el otro está atravesado por la competencia económica y sexual, entonces siempre, ante todo, importará la exhibición de la ganancia neta del último semestre, o la lista de mujeres con las que me acosté esta semana.

La posibilidad o imposibilidad de consumir pasa a ser el eje conductor de la conversación, a la vez que el factor que dispone el acceso a la felicidad o al fracaso. El acceso a la información esta regulado por los editores; que a su vez responden a los soberanos políticos; que a su vez responden a los grandes magnates; que a su vez responden a las reglas del mercado; que a su vez responde a la demanda del consumidor; que a su vez depende del salario neto; que a su vez depende del cargo que ocupa dentro del campus empresarial; que a su vez depende del grado de competencia e idoneidad para desarrollar la tarea asignada; que a su vez depende de los estudios realizados; que a su vez dependen del acceso a la información. Parece complejo, pero en realidad es bastante sencillo.

Todos aprendemos rápidamente a sentarnos cerca del amo y a ocultar cuánto nos gustaría alguna vez poder ocupar su lugar. A veces en el interior todo se descarrila, y sin embargo hay que mantener la compostura, o tomar una coca cola, porque todo es mejor con coca cola. El fanatismo por dominar el espacio hace que solo sea posible la libertad a partir de la exclusión. La inconformidad en el ser, producto de la ausencia total de una consideración profunda sobre la condición humana, hace que no podamos habitarnos a nosotros mismos. Mi cuerpo deja de ser mi casa, ahora necesito que mi cuerpo se expanda en el espacio todo lo posible, se proyecte en los otros; necesito imprimirlo en tus ojos. Broadcast yourself.

Los creativos publicitarios construyen los grandes paradigmas de la realidad de la vida cotidiana. La tecnología diseña el formato de nuestras fantasías, en pantalla plana de treinta pulgadas. En las pantallas todo pareciera estar al alcance de todos. Mientras me quede sentado frente a ellas, yo también me vuelvo omnipotente. Las ventanas se abren y se cierran con un botón. Y ese botón lo pulso yo. Lo único que me falta para terminar de adentrarme en ellas es que la tecnología de realidad virtual pase a estar también al alcance de todos. No falta mucho para eso. Entonces si. Volveré a ser el soberano. Mi SIMCITY será mi territorio de liberación y expansión.

Me sentiré bien.

Muy bien


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